El 22 de agosto de 1839, Zorrilla se casó con doña Florentina (Matilde) O'Reilly; este matrimonio fue desaprobado por su padre y no prosperó por la diferencia de edad entre los contrayentes y por los continuos enfrentamientos surgidos entre su madre y Florentina. Además, el hijo de su esposa nunca le aceptó como padrastro. En el año 1845 viajó a Francia, donde conoció a Alexandre Dumas, George Sand, Alfred de Musset y Théophile Gautier; allí recibió con gran pesar la noticia de la muerte de su madre. En 1846 regresó a Madrid, donde más tarde fue nombrado miembro de la Junta Directiva del Teatro Español, recién estrenado; en 1848 fue nombrado miembro del augusto cuerpo de distinguidos literatos de la Real Academia Española, aunque no tomaría posesión efectiva del sillón “L” hasta el año 1885. En 1849 murió su padre, legándole unas considerables deudas y un vacío que acentuaba sus remordimientos de conciencia.
En 1851 --con grandes apuros económicos-- huyó a París, donde conoció a Leila, a quien amó apasionadamente. En 1853 se trasladó a Londres. En 1854 partió rumbo a Méjico, viviendo también en Cuba en el año 1858. En 1864 --bajo el mandato del emperador de México Maximiliano I-- se convirtió en poeta áulico y fue nombrado Director del Teatro Nacional de México.
Muerta ya su esposa, en el año 1866 regresó a España; el fusilamiento de Maximiliano I le produjo una gran desazón, aunque siempre se mantuvo al margen de cuestiones de índole política. En 1869 se casó con Juana Pacheco. Continuó padeciendo apuros económicos. En 1884 fue nombrado Cronista Oficial de Valladolid y en 1889 fue coronado como Poeta Nacional en Granada.
José Zorrilla murió en Madrid el 23 de enero del año 1893, tras una intervención quirúrgica para extraerle un tumor cerebral.
Entre sus obras cabe destacar las siguientes: los poemas dramáticos "Vivir Loco y Morir más" (1837), "El Zapatero y el Rey" (1840), "Sancho García" (1842), "El Puñal del Godo" (1843), “Sofronia” (1843), “La Mejor Razón, la Espada” (1843), "Don Juan Tenorio" (1844), "La Calentura" (1847), “El Rey Loco” (1847) y "Traidor, Inconfeso y Mártir" (1849); las obras épicas "Los Cantos del Trovador" (publicada en tres tomos, 1840-1841), "Granada" (1852) y "La Leyenda del Cid" (1882); las poesías narrativas o leyendas "A Buen Juez, Mejor Testigo", "Para Verdades el Tiempo y para Justicias Dios", "El Capitán Montoya", "Margarita la Tornera", "La Pasionaria", "La Azucena Silvestre", "La Princesa Doña Luz" y "A la Memoria de Larra"; por último, el libro de memorias "Recuerdos del Tiempo Viejo" (1883).
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