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sábado, 21 de enero de 2012

Castillo de Peñafiel (Valladolid)

 Peñafiel es un municipio vallisoletano perteneciente a la comarca de Campo de Peñafiel que dista unos 56 kilómetros de la ciudad de Valladolid. Su origen se remonta a épocas prehistóricas y en la cercana aldea de Padilla de Duero se pueden contemplar los restos de un poblado vacceo en el yacimiento arqueológico de Pintia. La zona estuvo ocupada por las tropas de Almanzor hasta que el conde Sancho García la reconquistó definitivamente en el año 1013 --cuando el sitio aún recibía el nombre de Peña Falcón-- y empezó a construir una fortificación, probablemente sobre los restos de otra de origen árabe.

Castillo de Peñafiel

 La villa de Peñafiel (Peña Falcón) empezó a adquirir cierta importancia en tiempos de la Reconquista, cuando un núcleo urbano estable se asentó a los pies del cerro donde estaba situada la antigua fortaleza, encuadrándose en el Condado de Monzón. Ya en pleno siglo X se convertiría en una plaza fuerte muy importante frente al avance del Islam, pasando a finales del citado siglo a depender del Condado de Castilla.

 En tiempos del conde Sancho García el castillo y la villa de Peñafiel (Penna Fidele) fueron un importante enclave fronterizo cristiano, contando sus gentes con un fuero propio. Más tarde, los caballeros de la villa llegaron a contar con la protección especial del rey Alfonso X el Sabio.

 En el año 1282, el príncipe Sancho (el que sería rey bajo el nombre de Sancho IV el Bravo) otorgó la villa de Peñafiel al infante Don Manuel de Castilla (hermano del rey Alfonso X). Muerto Don Manuel, heredó sus posesiones su hijo, el infante Don Juan Manuel (autor de "El Conde Lucanor"), quien empezaría a amurallar la villa y a restaurar el castillo hacia el año 1307.

 El 20 de mayo de 1421 nació en el castillo Don Carlos de Trastámara (Príncipe de Viana); su padre, el infante Don Juan de Aragón, mantuvo su hostilidad contra Juan II de Castilla y provocó que dicho rey mandase derribar la fortaleza.

 A partir del siglo XV --bajo el reinado de Enrique IV el Impotente-- Don Pedro Girón (Maestre de la Orden de Calatrava y Conde de Urueña) se hizo con el señorío de Peñafiel, título que la familia Girón ostentaría hasta el siglo XIX. Don Pedro obtuvo el permiso del rey para reconstruir la fortaleza, colocando los blasones de la familia en la Torre del Homenaje.

 Los herederos de Don Pedro Girón disfrutaron de los títulos de marqueses de Peñafiel y duques de Osuna, título este que fue instituido por el rey Felipe II. En la actualidad, el castillo es propiedad de la Diputación Provincial de Valladolid y alberga en su interior --concretamente en el Patio Sur-- al Museo Provincial del Vino.

Primera Entrada Principal
Primera Entrada Principal del Castillo de Peñafiel (Valladolid).

Segunda Entrada Principal
Segunda Entrada Principal.

Torre del Homenaje
Torre del Homenaje desde la azotea del Museo del Vino.

 Ya desde el punto de vista arquitectónico, el imponente Castillo de Peñafiel se construyó con piedra caliza de Campaspero y siguiendo la técnica del gótico germánico. Mide unos 210 metros de longitud por 33 de anchura; la Torre del Homenaje alcanza los 30 metros de altura y es la única parte del castillo --aparte de la segunda puerta principal-- en la que los matacanes son funcionales. Para acceder a este imponente torreón hay que pasar por la primera y la segunda puerta principal --tras subir unas escaleras--, flanqueando después un puente levadizo situado sobre un pequeño foso. Pasada la puerta de la torre hay un pasadizo de doble recodo provisto de una tronera abierta desde el interior aprovechando el grosor del muro procurado por sus ángulos.

Patio Norte
El Patio Norte desde la azotea de la Torre del Homenaje.

Patio Norte
Patio Norte del Castillo de Peñafiel.

Extremo Sur
Extremo Sur del Castillo de Peñafiel.

 Consta el castillo de dos recintos delimitados por sendas barreras y de dos patios interiores que flanquean la Torre del Homenaje: el Patio Norte --que albergaba los aljibes y los almacenes-- y el Patio Sur --que albergaba las caballerizas y las guarniciones--. Otras partes notables, ya desaparecidas o incompletas, incluyen lo que parece haber sido otra barrera exterior más, una pared transversal --provista de una pequeña puerta-- para cerrar el extremo noroeste del castillo y una torre-caballero en la mitad exterior de lo alto de la torre noroccidental, elemento cuya pasada existencia se aprecia por las señales de una base redonda en la azotea. Han desaparecido algunas almenas, canecillos y merlones, pero en líneas generales se puede decir que la construcción presenta un excelente estado de conservación.

domingo, 15 de marzo de 2009

Miguel Delibes, Hijo Predilecto de Valladolid

 Miguel Delibes Setién nació en Valladolid el domingo 17 de octubre de 1920. Hijo de Adolfo Delibes Cortés --abogado y catedrático de Derecho en la Escuela de Comercio-- y de María Setién, don Miguel era el tercero de los ocho hijos del matrimonio. Estudió en el Colegio La Salle y cursó el bachillerato en el Colegio de Nuestra Señora de Lourdes de los Hermanos de las Escuelas Cristianas de Valladolid. El estallido de la Guerra Civil le impidió ingresar en la Universidad, aunque continuó sus cursos de perito mercantil y sus prácticas en la Escuela de Artes y Oficios. Se alistó como voluntario en la Marina y fue destinado a Palma de Mallorca, donde prestaría servicio en el crucero pesado Canarias. En el año 1939 regresó a Valladolid y comenzó sus estudios universitarios en las disciplinas de Derecho y Comercio. Gracias a sus dotes de dibujante, en 1941 ingresa como caricaturista en el periódico El Norte de Castilla. Realizó un curso de periodismo en Madrid, lo que le permitió obtener el carné de periodista profesional; así, en 1942 publica su primer artículo --sobre la caza mayor, una de sus grandes aficiones-- en El Norte de Castilla. A ese artículo le seguirían muchos más; entre los artículos de don Miguel no faltarían aquellos en los que ejerció de crítico de Cine. En 1945 ganó por oposición la Cátedra de Derecho Mercantil y fue destinado a la Escuela de Comercio de Valladolid.

 El 23 de abril de 1946 se casó con Ángeles de Castro. Comienza en estas fechas a escribir sus primeras novelas, animado por su esposa. En 1952 fue nombrado subdirector de El Norte de Castilla y director del mismo en 1958. Por sus campañas en favor del medio rural castellano y de denuncia por el abandono y la postración de Castilla, en 1963 se vio obligado a dimitir de su cargo periodístico. En 1974 murió su esposa Ángeles. Entre todas sus obras, cabe destacar las siguientes: "Aún es de Día" (1949); "El Camino" (1950); "El Loco" (1953); "Mi Idolatrado Hijo Sisí" (1953); "Los Raíles" (1954); "La Partida" (cuentos, año 1954); "Diario de un Emigrante" (1958); "La Caza de la Perdiz Roja" (1963); "USA y Yo" (libro de viajes, año 1966); "Cinco Horas con Mario" (1966); "La Primavera de Praga" (libro de viajes, año 1968); "Parábola del Náufrago" (1969); "La Mortaja" (relatos, año 1970); "La Caza en España" (1972); "El Príncipe Destronado" (1973); "Las Guerras de Nuestros Antepasados" (1975); "El Disputado Voto del Señor Cayo" (1978); "Los Santos Inocentes" (1981); "Cartas de Amor de un Sexagenario Voluptuoso" (1983); "El Tesoro" (1985); "377 A, Madera de Héroe" (1987); "Señora de Rojo sobre Fondo Gris" (1991); "El Último Coto" (1992); "Diario de un Jubilado" (1995); por último, "He Dicho" (colección de artículos periodísticos, año 1996).

 El lunes 6 de enero de 1947 --en Barcelona-- le fue concedido el Premio Nadal, por su novela "La Sombra del Ciprés es Alargada". Entre los numerosos premios, honores y galardones que don Miguel atesora --tras su larga y honesta carrera-- son dignos de mención los siguientes: el Premio Nacional de Literatura por "Diario de un Cazador" (1955); el Premio Fastenrath de la Real Academia Española por "Siestas con Viento Sur" (1957); el Premio de la Fundación Juan March por "La Hoja Roja" (1959); el Premio de la Crítica por "Las Ratas" (1962); miembro de la Real Academia Española, ocupando el sillón "e" (1975); el Premio Príncipe de Asturias de las Letras (1982); Doctor Honoris Causa por la Universidad de Valladolid (1983); el Premio de las Letras de la Junta de Castilla y León (1984); Hijo Predilecto de Valladolid (1986); el Premio Nacional de las Letras Españolas (1991); el Premio Cervantes (1993); Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo (1999); por último, el Premio Nacional de Narrativa por "El Hereje" (1999).

 Pero si hay un premio que Miguel Delibes merece sobradamente, ese es el Premio Nobel de Literatura; espero que ni su delicada salud de hierro ni la inexplicable cerrazón de algunos ilustres señores nos impidan ver cumplido el sueño de que Delibes tenga el Nobel en su vitrina.


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sábado, 28 de febrero de 2009

José Zorrilla, Cronista de Valladolid

 El 21 de febrero de 1817 --en Valladolid-- nació el poeta y dramaturgo romántico José Zorrilla y Moral. Su padre fue don José Zorrilla Caballero --hombre de rígidos principios, absolutista y partidario del pretendiente al trono, el infante Carlos María Isidro Benito de Borbón y Borbón-Parma, más conocido como Don Carlos-- y su madre, doña Nicomedes Moral y Revenga. Tras pasar por Valladolid, Burgos y Sevilla, en 1827 la familia se estableció en Madrid, donde el padre ocupó el puesto de Alcalde de Casa y Corte y ejerció el cargo de Superintendente General de la Policía. José Zorrilla pasó por el Real Seminario de Nobles de Madrid y entre los años 1833 y 1836 estudió leyes en las universidades de Toledo y Valladolid. En el año 1836, cuando su padre quería que se trasladase con él a Lerma, huyó de la casa de sus padres y empezó a alcanzar notoriedad cuando --al pie del sepulcro y frente a la multitud que acudía el 15 de febrero de 1837 a la ceremonia del entierro-- leyó una conmovedora composición poética en honor del joven finado, el poeta romántico Mariano José de Larra.

 El 22 de agosto de 1839, Zorrilla se casó con doña Florentina (Matilde) O'Reilly; este matrimonio fue desaprobado por su padre y no prosperó por la diferencia de edad entre los contrayentes y por los continuos enfrentamientos surgidos entre su madre y Florentina. Además, el hijo de su esposa nunca le aceptó como padrastro. En el año 1845 viajó a Francia, donde conoció a Alexandre Dumas, George Sand, Alfred de Musset y Théophile Gautier; allí recibió con gran pesar la noticia de la muerte de su madre. En 1846 regresó a Madrid, donde más tarde fue nombrado miembro de la Junta Directiva del Teatro Español, recién estrenado; en 1848 fue nombrado miembro del augusto cuerpo de distinguidos literatos de la Real Academia Española, aunque no tomaría posesión efectiva del sillón “L” hasta el año 1885. En 1849 murió su padre, legándole unas considerables deudas y un vacío que acentuaba sus remordimientos de conciencia.

 En 1851 --con grandes apuros económicos-- huyó a París, donde conoció a Leila, a quien amó apasionadamente. En 1853 se trasladó a Londres. En 1854 partió rumbo a Méjico, viviendo también en Cuba en el año 1858. En 1864 --bajo el mandato del emperador de México Maximiliano I-- se convirtió en poeta áulico y fue nombrado Director del Teatro Nacional de México.

 Muerta ya su esposa, en el año 1866 regresó a España; el fusilamiento de Maximiliano I le produjo una gran desazón, aunque siempre se mantuvo al margen de cuestiones de índole política. En 1869 se casó con Juana Pacheco. Continuó padeciendo apuros económicos. En 1884 fue nombrado Cronista Oficial de Valladolid y en 1889 fue coronado como Poeta Nacional en Granada.

 José Zorrilla murió en Madrid el 23 de enero del año 1893, tras una intervención quirúrgica para extraerle un tumor cerebral.

 Entre sus obras cabe destacar las siguientes: los poemas dramáticos "Vivir Loco y Morir más" (1837), "El Zapatero y el Rey" (1840), "Sancho García" (1842), "El Puñal del Godo" (1843), “Sofronia” (1843), “La Mejor Razón, la Espada” (1843), "Don Juan Tenorio" (1844), "La Calentura" (1847), “El Rey Loco” (1847) y "Traidor, Inconfeso y Mártir" (1849); las obras épicas "Los Cantos del Trovador" (publicada en tres tomos, 1840-1841), "Granada" (1852) y "La Leyenda del Cid" (1882); las poesías narrativas o leyendas "A Buen Juez, Mejor Testigo", "Para Verdades el Tiempo y para Justicias Dios", "El Capitán Montoya", "Margarita la Tornera", "La Pasionaria", "La Azucena Silvestre", "La Princesa Doña Luz" y "A la Memoria de Larra"; por último, el libro de memorias "Recuerdos del Tiempo Viejo" (1883).


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